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Miranda Volta.

Darkest Hour - By Miranda Volta

The mirror was scattered all over.

I couldn’t find myself inbetween me.

My mind is my worst enemy.

I couldn’t fight it; I’m weak.

There weren’t any nails left to bite.

Just the blood, dripping my hand.

Short Love Story (a story of six word stories) - By Miranda Volta

Part I.- The Infatuation

When he smiled, she felt it.
And just like that, she knew.
They weren’t made for each other.
But they had nothing to lose.
So she loved him, flaws included.
He loved her, as he could.


Part II.- The Break Up.

On their last date, waitress payed.
She waited; the coffee cooled down.
They didn’t dare to cross eyes.
As she said it, he cried.
He didn’t even give an excuse.
When he left, she felt nothing.

When he left, I felt nothing.

adropofred:

comment s’appelle un chien qui vend des médicaments?

un pharmachien

(via siriuslymeg)

I was stupid, the official descriptive phrase for happy.

the first time I heard you speak,
I felt your compassion roll like tumbleweed
over my spine,
sending shivers everywhere
I had never been touched.

we have not kissed,
but I have tasted every ounce of your subtleties.
Will you remember me after this?
Will my words make their way into your dreams?

you build your words like sandcastles
and the tides fear your strength,
your knowledge,
your grace.

I hope you look me in the eyes the
next time you see me.
I hope you see the new beginning
within my irises.
my pupils are calling your name.
will you call back?

knifeson:

hair evolution.

jewishsanta:

when books make you cry like fuck you book you’re a stack of paper

(via versacep0ptarts)

El quinto jinete del Apocalipsis - Por Miranda Volta
Llegó envuelta de los lamentos de los hombres. Su vestido estaba hecho de jirones de la luna, que absorbían la luz y el color del cielo conforme avanzaba. Llevaba el sol en su espalda, y la tierra tembló a sus pies.
Iba al lomo del esqueleto de un caballo, y en sus manos sostenía el cadáver del hijo del dragón. Su cabello cubría su cara; abismo absurdo compuesto por las almas de los hombres.
Provenía del desierto, uno del cual nunca nadie había logrado salir. Galopaba, terrible como la crueldad de su Dios, dejando un rastro de destrucción y fuego a su paso.
Todos los hombres voltearon a verla. El coro de 144,000 entonó su cántico de gran trueno, y los ángeles se elevaron al trono celestial. Ella se detuvo, impertérrita, y cantó las alabanzas pertinentes. Mas nadie comprendía, pues hablaba la lengua de su Dios.
De su boca surgió la neblina, veneno anestésico que dormía la memoria de los hombres. En su sueño de muerte, vieron profecías de su pasado, y juntos accedieron a la cúspide del Nirvana, sólo para volver a descender a los abismos del Infierno en el que se había transformado la tierra.
Con el fuego de su mirada, quemó los bosques. Y con el sol a cuesta suya, empujó la tierra hacia el desierto. Y derramando su sangre sobre la arena, exclamó:
“Que las cuencas secas de los ríos se llenen con los tifones de vuestra sangre, para alabanza y gloria del Dios que los ha abandonado. En mi vientre llevo la muerte, pues vosotros han asesinado a mi hijo, sucesor de reyes y de dioses, y he venido a vengarlo. La tierra se estremecerá bajo mi grito de agonía, y en vuestros débiles cuerpos surgirá la enfermedad y el hambre, y no se detendrá hasta que las estrellas adornen mi cabeza, y el último de vuestra especie perezca bajo mi yugo.”

Entonces soltó un grito que retumbó en los ecos de la eternidad, sellando así sus votos de venganza y odio. Galopó hasta el fin de los tiempos, de donde volvió sólo para cumplir su promesa, y ver morir al último de los hijos de Adán. 

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